Este blog recoge mis vivencias. Recuerdos y pensamientos de una infancia y adolescencia difíciles.

sábado, 17 de diciembre de 2011

He vuelto...

¡Hola a tod@s, amig@s!.Después de tanto tiempo he vuelto. Reconozco que me ha costado mucho tomar la decisión de regresar, ya que han pasado tantas cosas y no tan buenas, que no sé ni por dónde empezar. Supongo que por el principio, que se suele decir.

El día 14 de Enero, hará un año que operaron a mi hijo mayor del corazón, tras muchos meses de continuas visitas a urgencias y largas estancias en el hospital. Todo empezó cuando una tarde, el niño me dijo que se sentía mal. Que se notaba como el pecho "lleno de aire". Me asusté bastante, y al ponerle la mano en el pecho, noté que el corazón le iba a mil. Sin perder tiempo nos fuimos al hospital de Sant Joan de Deu, y nada más tomarle el pulso, le tumbaron en una camilla, le llenaron de ventosas, le conectaron a una máquina que no paraba de pitar, y le metieron en cuidados intensivos. No me explicaron qué le pasaba al niño, tan sólo me dijeron que me quedase en la sala de espera.
Yo no entendía nada. Mi hijo nunca había tenido ninguna cardiopatía. En 12 años, jamás le habían visto nada anormal cuando le auscultaban... qué estaba pasando??. Yo no podía llorar, no podía pensar, no podía hablar... tan solo miraba fijamente aquella puerta, esperando que alguien saliera y me dijese que mi hijo estaba fuera de peligro.

Pasaron horas hasta que por fin salió la enfermera, y nos comunicó que el niño tenía arritmias y que le habían suministrado medicación para regular los latidos y eliminar las taquicardias. Que nos tranquilizásemos porque estaba bajo control, y respondiendo muy bien a la medicación. Nos aconsejó que nos fuésemos a casa a descansar, ya que hasta la mañana no nos dejarían verlo, pero mi marido y yo nos quedamos en aquella sala de espera toda la noche. Sobre las 6 o las 7 de la mañana, comenzaron a llegar más padres, y al poco rato salió otra enfermera a comunicarnos que ya podíamos pasar.

Nos hicieron desinfectarnos las manos y ponernos unas zapatillas, un gorro y una bata verde, y por fin pude ver a mi hijo.Estaba pálido, más bien amarillento, con carita de cansancio y lleno de ventosas, pero cuando nos vio esbozó una sonrisa que me partió el alma. Intenté aguantarme las lágrimas como pude, mientras mi marido, como siempre, bromeaba todo el tiempo, tratando de animar al niño y de restarle importancia al asunto: "Nene, es que ya no sabes qué hacer para llamar la atención eh?" y el niño sonreía.
Cuando me fijé en la máquina, que era la que marcaba las pulsaciones, no daba crédito. Aquello pasaba de 50 a 190 en cuestión de segundos. Le pregunté a la enfermera si eso era normal, y me dijo que lo peor había pasado, y que a lo largo de los días, con la medicación, se le tenía que ir regulando. Que el niño cuando le ingresaron, había llegado a pasar las 200 pulsaciones, algo impensable para un adulto, que sin duda hubiera muerto en el acto. Pero que los niños eran capaces de aguantar más latidos. Y que en este caso, el cuerpo del niño estaba aguantando estupendamente.

Ese mismo día por la tarde, ya le llevaron a una habitación, y nos dijeron que se quedaría ingresado allí hasta que se estabilizara del todo. No fue hasta el día siguiente, que el Cardiólogo nos explicó qué le pasaba al niño. Nos dijo que una vía eléctrica del corazón le funcionaba más lenta que las demás, y que a esto se debían sus arritmias. Que la única solución era mediante una intervención quirúrgica, donde por suerte, no tendrían que intervenirle a corazón abierto, sino que mediante un catéter introducido por la ingle, llegarían al corazón y quemarían la vía defectuosa para inutilizarla. Que la medicación no era una solución definitiva a esta enfermedad, puesto que conllevaba muchos efectos secundarios y era, a la larga, muy tóxica.
Por lo visto, el niño tenía esta cardiopatía de nacimiento, pero, tal como nos explicó el doctor, podría no haberle causado problemas nunca, como haberlo hecho antes, o dentro de unos años. Aquel buen hombre nos tranquilizó, diciendo que en la mayoría de los casos esta operación era un éxito, y que en algún caso había sido necesario repetirla, pero que no conllevaba mayor riesgo. Cuando firmamos la autorización, la enfermera nos dijo que no nos preocupásemos, que estábamos en muy buenas manos y que al niño le iba a operar el mejor cardiólogo, especialista además en niños con este tipo de cardiopatía. No se equivocaba.

Creo que lo peor de la pesadilla que vivimos durante tantos meses, fue la espera. Porque ya sabéis cómo está la sanidad pública con la crisis, y la lista de espera tan larga que había de niños esperando para operarse. Como con la medicación de momento el niño iba tirando, pues nos dijeron que hasta navidades, nada de nada. Y pasaron las navidades y no le llamaban para operarse. Y un día, la medicación dejó de hacerle efecto, y tuvieron que ingresarle de nuevo, con el pulso por las nubes. Esta vez le dio más fuerte que nunca. Yo me pasaba las noches y los días en vela, mirando cómo los números de aquella pantallita subían y bajaban, y rezando para que no pasara de 200. En dos ocasiones, la enfermera me regañó porque siempre que entraba, me veía despierta, mirando la máquina, y me dijo que no era bueno que me obsesionase. Que tenía que dormir.
Le subieron la dosis y le añadieron además otro tipo de pastilla. Y fue entonces cuando decidieron que le pondrían de los primeros de la lista para operarle, porque el niño estaba en pleno crecimiento, y no era plan de tener que ingresarlo durante días cada vez que pegaba un estirón. Así que el 14 de Enero le operaron, y fue un éxito. En 40 minutos y con sedación, su problema ya estaba resuelto. Y toco madera porque ya ha pasado casi un año y mi hijo hace vida normal, hace deporte como cualquier otro niño, y es feliz.

A pesar de todo, la sombra del miedo siempre está presente, y yo aún arrastro secuelas de esa gran angustia y pánico vividos durante más de un año. Además, todo aquello se me juntó con otros problemas laborales y familiares que acabaron de hundirme, pero por suerte he podido salir de ese pozo en el que estaba metida.

Nunca olvidaré lo bien que se portó con nosotros todo el equipo médico de Sant Joan de Déu: enfermeras, auxiliares, médicos, payapupas... Gracias a ellos he vuelto a creer que aún existe gente buena en el mundo.

lunes, 14 de junio de 2010

1916-2010

Si hay dos personas a las que adoro, esas son mi iaia Quimeta y mi iaio Cesc; los padres de mi padre.

Ya sé que casi todo el mundo adora a sus abuelos, pero en mi caso sería imposible no hacerlo. Mi iaia Quimeta, es la que cuando comemos paella los domingos, va repartiendo sepia y gambas de su plato a todos sus nietos hasta que se queda sin nada para ella. Es la que, después de 30 años, nos sigue haciendo cosquillitas en los brazos. Es la que hace que toda la familia deseemos que llegue la verbena de San Juan, para poder comer sus deliciosos caracoles con conejo.
Toda la familia se ríe con cariño cuando pronuncia mal alguna palabra, y estoy segura de que piensan que por su incultura, mi abuela sabe muy poco de casi nada. Pero lo cierto, es que ella sabe un poco de casi todo, aunque prefiera callar cuando los demás debatimos sobre cualquier tema.
Mi abuela Quimeta es la que me mete dinero en el bolsillo cuando estoy distraída, la que compra jamón del bueno para los niños y la culpable de que me encante caminar descalza.
Mi iaia tiene unos ojos serenos y azules como el mar, y a mí me encanta zambullirme en ellos.

Mi iaio Cesc, siempre fue duro, severo y recto. Nos enseñó que aunque uno no tenga estudios, nunca debe faltarle la educación.
Gracias a él, aprendimos a sentarnos a la mesa correctamente, a no apoyar la cabeza sobre el brazo, y a no levantarnos hasta que los demás hubieran acabado de comer. Mi iaio siempre dice que por muy bien que se coma fuera de casa, la comida nunca es tan buena como la que hace mi abuela. Aún a veces le pellizca la mejilla con cariño, mientras los dos se ríen.
Mi iaio es un hombre de 94 años, que posee una memoria prodigiosa. Es un hombre muy culto a pesar de su edad y la época que vivió, pues estudió todo lo que pudo, y antes de perder la vista, tenía por costumbre leer cualquier cosa: libros, mapas, propaganda...
Ya tenía la vista muy mal, pero él cogía una lupa, y acercando sus ojos al periódico hasta tocarlo con la punta de su nariz, conseguía leerlo entero, aunque aquello le llevase horas.
Aún se le nublan los ojos cuando recuerda los horrores vividos durante la guerra. Nunca fue capaz de contármelo todo de principio a fin, porque siempre llegaba a un punto en que no podía continuar. Por eso su historia la reconstruí cosiendo los retales de su vida que me iba regalando.

Los padres de mis abuelos habían sido muy amigos desde siempre. Eran de la misma edad, y jugaban juntos allí en Andalucía. Cuando crecieron, se vinieron los dos a Barcelona y continuaron su amistad incluso después de casarse. Por eso cada uno entraba en la casa del otro, como si fuese la suya propia.
La madre de mi abuela, mi bisabuela, decían que tenía "don". Nunca se dedicó a ello, y probablemente nunca fue consciente. Pero en la barriada, todos sabían que era una mujer "especial", con una bondad fuera de lo común. Aunque mi abuela nunca me ha contado en qué consistía exactamente ese "don", y nosotros nunca hemos sido demasiado creyentes en...nada.

La madre de mi abuelo, murió teniendo él a penas tres meses, y su padre se caso dos veces más.
Durante su infancia, mi abuelo aprendió lo básico en la escuela, pero pronto se tuvo que poner a trabajar. Sin embargo siempre fue una persona con hambre de sabiduría, y durante unos años estuvo acudiendo a la escuela nocturna cada día al salir del trabajo.
Mi abuelo tiene una teoría muy interesante, y es que a Franco lo eligió la iglesia para "poner orden en España". Dice mi abuelo, que durante la república, España estaba avanzando a pasos agigantados, en todos los sentidos. En las escuelas, ya no se enseñaba la creación del mundo según la Biblia. Ya no lo enseñaban todo basándose en la religión, para así tener al pueblo dominado por la ignorancia, sino que a los niños se les empezaba a enseñar las cosas tal y como eran.
Y a pesar de que en el país seguía dominando la religión, cada vez lo hacía menos, cosa que a la Iglesia Católica no le hacía ni pizca de gracia. Por eso creyeron oportuno apoyar una dictadura, con un caudillo que llenase al pueblo de represiones. Que hiciese una limpieza de "maricones", "moros" y mantuviese a la mujer siempre en un segundo lugar.

Poco a poco, las tropas franquistas fueron colonizando los pueblos de España, excepto algunos pueblos de Catalunya y alguna comunidad más, que se resistieron y pidieron voluntarios para luchar contra el ejército franquista. Así fue como mi abuelo se unió al bando republicano, y llegó a ser Sargento, recomendado por un cabo con el que tenía bastante amistad. Este cabo fue el que le propuso para el puesto, cosa que a mi abuelo al principio no le hizo mucha gracia. Sin embargo, hacía falta dirigir la guerrilla, para que ante el mundo, los rojos no constasen como un grupo de bandoleros, sino como ejército organizado. Y el cabo amigo de mi abuelo, le dijo: "no seas tonto, si no te haces sargento tú, se hará otro. Y siempre es mejor mandar, a que te manden".
Así que mi abuelo aceptó, y para ello necesitó formarse y estudiar topografía, para aprender a hacer partes de guerra.
También sé que se sacó el carnet de conducir durante la guerra, porque conducir un vehículo siempre podía servir para mejorar y procurarse un puesto donde no corriera tanto peligro.

Durante la retirada, se exiliaron en Francia. En aquél momento, Francia estaba totalmente dominada por los nazis. Cuando descubrieron que eran soldados anti franquistas, les metieron en un campo de concentración en los Pirineos, donde por suerte no se ensañaron demasiado con ellos. Simplemente, tenían que tenerles encerrados en algún sitio. Con el tiempo disfrutaron de cierta libertad, y algunos de sus compañeros marcharon a otros países. A mi abuelo no se le presentó esa oportunidad, así que se quedó trabajando en Francia durante tres años.
Sin embargo, sus compañeros y él, comenzaron a recibir órdenes de que tenían que viajar a Alemania. Al principio, se hicieron los locos, pero llegó un momento en que les presionaron demasiado, y mi abuelo tuvo que tomar una decisión. Sabía que si iba a Alemania, les meterían en las cámaras de gas. así que se dirigió al consulado español, y pidió que le preparasen los papeles para regresar a España. A sabiendas también, de que volvía a un país que ya estaba dominado por la dictadura, y evidentemente no sería bien recibido por su condición de republicano durante la guerra.

Cuando llegó a España, le estaban esperando dos guardia civiles. No le esposaron, pero sí le acompañaron durante todo el trayecto en tren hacia la cárcel provincial de Huesca, haciéndole miles de preguntas. Entre otras, por qué había llegado a hacerse sargento. Mi abuelo nunca se echó atrás, pero tampoco tuvo nunca una actitud altiva. Simplemente habló con franqueza. En su defensa, sólo dijo que durante la guerra, hubiese aceptado cualquier puesto que le procurase evitar el peligro. También sacó su carnet de conducir, para demostrarles que era verdad lo que decía.
Durante mucho tiempo, le hicieron las mismas preguntas a mi abuelo, para ver si alguna vez cambiaba su declaración, pero no lo consiguieron.

El horror que mi abuelo vivió en el campo de concentración, no fue nada comparado con lo que pasó en la cárcel. Allí cada mañana, les hacían ponerse en fila y cantar el cara al sol con la mano levantada. Todo aquél que se negara, era fusilado.
Durante el día les tenían a trabajos forzados. Unas veces allanando montaña, y otras construyendo cañones. Los vigilantes llevaban en las manos un fusil, y una vara de madera. La vara era para castigar al pobre preso que desfalleciera de cansancio, y el fusil para matarlo si salía corriendo.
Cada noche, mientras el resto dormía, elegían a unos cuantos y los llevaban al patio. Los valientes gritaban: "compañeros, me van a fusilar!... viva la república!". Y los guardas se decían entre ellos: "no te cabrees, que diga lo que quiera, que éste dentro de un rato ya no hablará más".
Dice mi abuelo que uno de los presos, prefirió suicidarse abriéndose la cabeza contra un muro, antes de ser fusilado por los fascistas.

Los presos de guerra no pasaron hambre gracias a los presos comunes, que compartían con ellos los alimentos que sus familiares les llevaban a la cárcel. Cabe decir que muchos de estos presos, el único delito que habían cometido era ser homosexual, o robar un trozo de pan para comer.

Mi abuelo pasó años de cárcel en cárcel, construyendo cañones y carreteras por toda España. Y con el tiempo, cuando las cosas mejoraron, le enrolaron en el ejército en condición de soldado. Sin embargo su cargo de sargento durante la guerra, siempre iba por delante. Los altos cargos a menudo se sentían avergonzados de tener que explicarle a un superior, algo que él conocía mejor que ellos. Cosas como hacer la instrucción o cargar un fusil. Por este motivo, a pesar de haber luchado en el bando contrario, los demás militares le tenían cierto respeto.
Y así fue cómo mi abuelo sobrevivió y en 1946 pudo volver a casa y casarse con la hija del mejor amigo de su padre. Mi abuela Quimeta.
Cómo consiguió burlar a la muerte en tantas ocasiones, es algo que aún él se pregunta. Fue una mezcla de suerte, fuerza y esperanza.

Mi madre me repite muchas veces que mis abuelos son ya muy mayores, y que me tengo que hacer a la idea de que en cualquier momento morirán. Pero me pide algo que para mí es imposible. Simplemente no puedo imaginar mi vida sin mis iaios. El día que ellos falten, la Navidad perderá su magia, los domingos serán grises y la palabra familia dejará de tener sentido.

viernes, 4 de junio de 2010

¡Estela, grita muy fuerte!












Desde que abrí este blog, he conocido ya varias personas que, por desgracia, fueron víctimas de abusos sexuales durante su infancia. Algunas, no sufrieron abusos de ese tipo, pero sí maltratos físicos y psicológicos, como los sufrí yo.

Durante años, no he dejado de pensar que si hubiese habido alguien...algún profesor...alguien, que me hubiese enseñado que no es normal pegar a un niño todos los días, insultarle...
Quizás yo hubiese sabido que lo que pasaba en mi casa no era normal, y hubiese pedido ayuda.
Pero no hubo nadie. Y tuvieron que pasar muchos años y muchos traumas, para darme cuenta de que realmente lo que me pasó durante mi infancia se podría haber evitado.














Cuando veo las estadísticas de abusos a menores, (un 23% de niñas y un 15% de niños menores de 17 años han sufrido un caso de abuso sexual en España, y de estos un 60% no ha recibido ningún tipo de ayuda)... me parecen unas cifras realmente escalofriantes.
Y lo preocupante de todo esto, es que existen protocolos de detección, y de actuación ante casos de abuso, pero no existe ningún protocolo de PREVENCIÓN. Porque el único modo de prevenir los abusos, es enseñando a los niños a saber reconocer cuándo están abusando de ellos, y cómo tienen que actuar si esto sucede.

Pero esto aún es un tema tabú. Muchos padres aún no conciben tratar estos temas con normalidad ante sus hijos. No entienden, que para ello no es necesario entrar en detalles pornográficos, ni explicarles a los niños cómo se practica el sexo.
Basta con enseñarles que su cuerpo es un tesoro que todos deben respetar, y que nadie tiene por qué hacerles daño, o jugar con sus partes íntimas, ni hacerles nada que a ellos no les guste. Basta con explicarles que, si esto llega a suceder, no deben callarlo. Deben contárselo a algún adulto en quien confíen.

Todos los padres deben saber, que por desgracia, aunque estemos totalmente convencidos de lo contrario, ninguno de nuestros hijos está a salvo de sufrir un abuso. Nosotros no pasamos las 24horas del día con ellos para protegerles, y a menudo los abusos suceden en el ámbito familiar, en excursiones o incluso en las escuelas. No podemos protegerles todo el tiempo, pero sí podemos enseñarles a que sepan cómo actuar ante estas situaciones.
Y no sólo debemos enseñarles que nadie debe hacerles daño, sino que debemos enseñarles a que ELLOS NO LE HAGAN DAÑO A NADIE. Un punto muy importante a tener en cuenta.

Lo cierto es que a veces uno no sabe qué palabras utilizar, cómo explicarles estas cosas a los niños, porque los padres no somos perfectos y no tenemos un manual bajo el brazo.
Para eso, tenemos la suerte de contar con libros infantiles, donde se tratan estos temas con todo el cuidado y sensibilidad que requieren.

"Estela, grita muy fuerte!", es un cuento de Isabel Olid (miembro del grupo de investigación de literatura infantil GRETEL), dedicado a niños a partir de 6 años y escrito para la asociación RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados).
Este cuento, tuvo que ser publicado por una editorial mexicana, porque lo intentaron con varias editoriales catalanas, y el texto agradó, pero creyeron que no interesaría comercialmente.

Isabel Olid fue una niña abusada, y realmente este libro me sorprendió por la gran sensibilidad con que está escrito, y por la delicadeza con la que trata el tema de los abusos. Sin profundizar para nada en el tema de la sexualidad, pero dejándole bien claro al niño sus derechos sobre su propio cuerpo.

En este cuento, se explica la historia de Estela, una niña muy dulce y sensible, a la que le gusta soñar y jugar con sus amigos en la escuela. Antes también le gustaba jugar con su tío, pero últimamente ya no. Ahora la lleva a la habitación y le hace cosas que no le gustan nada.
Pero su maestra, le enseñará a Estela un truco que funciona cada vez que alguien le hace algo que no le gusta, o le intenta hacer daño. Y ese truco consiste en GRITAR BIEN FUERTE, y no callarse.
Lo que me ha gustado de este cuento también, es que no toda la historia se centra en el tema de los abusos sexuales, sino que plantea varias situaciones que pueden darse en el día a día de un niño, y les enseña cómo defenderse ante ellas.

Quisiera también explicar la reacción de mis hijos de 12 y 6 años tras leer este cuento. Aunque tengo que decir, que yo ya les había hablado sobre el tema de los abusos y cómo actuar.
Primero lo leyó mi hijo mayor, y le pareció correcto y muy bien explicado. Me dijo que era ideal para los niños pequeños.
Después lo leyó mi hijo pequeño, y le encantó. Se reía mucho en las partes donde Estela imaginaba que era un delfín o un pájaro, y le encantaron las ilustraciones de Martina Vanda (espectaculares).

Me llamó la atención cómo se indignó en una parte concreta del cuento.
La parte donde Estela recuerda el truco que le enseñó la profesora, y le dice a su tío que pare.
"Sabes mama?", me dice completamente indignado... "Estela le ha dicho a su tío que pare, y él ¡no ha parado!"
"Ah, no?, y qué he hecho Estela, cariño?"
"GRITAAAAR!!!!, y su mamá ha ido a ayudarla"

Isabel, dedica este cuento a sus hijos <para que aprendan a gritar cuando lo necesiten>
y a su madre <para que aprenda a escucharme cuando grito>.

Os animo a tod@s a uniros al MANIFIESTO CONTRA EL SILENCIO SOBRE EL ABUSO SEXUAL INFANTIL

miércoles, 2 de junio de 2010

Anécdotas nocturnas

Hace once años que entré a trabajar en la famosa empresa de limpieza pública, y de esos once, diez los pasé en el sector de recogida de basura y muebles.

Cuando entré en la empresa, me destinaron a la zona del barrio chino con Joaquinet, un viejo de la casa. Y en dos semanas, ya éramos uña y carne.
Joaquinet y yo, éramos la alegría del barrio. En los bares nos invitaban, el panadero nos guardaba pastas recién hechas, y al final del recorrido, acabábamos la noche tomando un refresco en nuestro bar favorito.
Los camareros, dos gays jovencitos muy dicharacheros, adoraban a mi compañero. Sólo Joaquinet era capaz de contar una sarta de chistes del año de la picor, con tanta gracia.

Como éramos amigos de todas las prostitutas y travestis de la zona, cada noche nos parábamos un ratito a hablar con ellas. Concretamente con Rosi, un travesti muy simpático de la calle Unión, que tenía por costumbre pellizcarle el culo a Joaquinet ,cada vez que éste se agachaba a recoger la basura.
Rosi siempre se quejaba del calor. Decía que el calor era el culpable de que el negocio le fuera mal.
"Ay nena!, con este bochorno no hay quien folle. Todos vienen a que se la chupe, y así no hay forma de hacer dinero!", decía.

De noche, sobre todo por según qué zonas, te acostumbras a trabajar entre delincuentes, yonkis y prostitutas.
La de peleas, muertes por sobredosis y robos que habré llegado a presenciar...

Pero para robos, los que sucedían en la gasolinera "Depaso" cada 2x3. Aquella gasolinera, si no la habían atracado 7 veces en menos de medio año, no la habían atracado ninguna. No me extraña que al final la acabaran cerrando.
Los chavales que trabajaban en el "Depaso", ya estaban acostumbrados a que ,de vez en cuando, irrumpiese algún encapuchado. Lo mismo nos pasaba a los basureros que cenábamos allí.
Y es que los robos eran de película de Pajares y Esteso. Los ladrones eran casi siempre los mismos: dos gitanillos de Can Tunis; uno de ellos cubierto con pasa montañas, y el otro tapado con una bufanda que se le caía todo el tiempo. Maki Navaja y el Popi, les llamábamos nosotros.

Lo primero que hacían cuando entraban a la gasolinera, era mirarnos a los de verde y gritar: "tranquilos, que a ustedes no les va a pasar na!".
Y acto seguido, el de la bufanda se sacaba del bolsillo una navajilla multi usos y se la ponía en el cuello a cualquiera de los basureros que habíamos allí cenando. Pero sólo por hacer el paripé, porque lo cierto es que aquellos dos, eran incapaces de matar a una mosca. Parecía que habían hecho un curso CCC de atracos a distancia.

A nuestro compañero Toni, casi siempre le tocaba hacer de "rehén", porque era el que se sentaba más cerca de la puerta. Estaba tan acostumbrado ya, que no interrumpía ni la cena. Recuerdo perfectamente a Toni con la navaja en el cuello, mientras seguía comiendo tranquilamente su bocadillo de atún con pimientos.
Lo más gracioso era cuando los ladrones se encaprichaban con algo:-"tú, dame todo el dinero y me pones JB, Ballantines, las pelis 'ponno', todas las tarjetas de movil y... coño!, huevos Kinder!"
Y el empleado de la gasolinera:- "pues el dinero cógelo tú, que ya sabes dónde está-"

Sí, sí...la escena era surrealista total. Como todo lo que sucede cuando trabajas de noche. Conoces personajes curiosos, vives anécdotas rocambolescas que luego disfrutas explicando a tus amigos, te diviertes muchísimo... pero a menudo no eres consciente de los peligros que corres. Y es que de noche es cuando sucede todo lo malo.

Una vez, la policía se puso en contacto con la empresa tras recibir una llamada anónima. Se trataba de una joven con acento extranjero, que aseguraba haber metido a su bebé en una bolsa de basura, y haberlo tirado a la calle. Incluso dio la matrícula del camión que, supuestamente, recogió la bolsa. Era el vehículo con el que trabajábamos nosotros.
A mí se me encogió el alma, sólo de pensar que tal vez fui yo quien, confundiendo aquella bolsa con cualquier otra bolsa de basura, la lancé a la prensa del camión (en algunas calles estrechas del barrio chino, no caben contenedores. Por eso la gente deja la basura en los portales, y la recogida se hace a mano).
Si esa pobre criatura estaba de verdad allí dentro... no la encontrarían viva.
Varios equipos de policía, hicieron vaciar el camión, y se dedicaron a buscar al niño entre los deshechos del vertedero.

Al día siguiente, el jefe nos hizo entrar en su despacho para comunicarnos que la policía ya había localizado al bebé y a la madre.
Según parece, personal de un centro sanitario, se puso en contacto con ellos, para comunicarles que una chica joven de origen chino, había llegado al hospital con signos claros de haber dado a luz recientemente. Sin embargo ella negó la evidencia en todo momento, insistiendo en que tan sólo le dolía mucho el vientre, y eludiendo las preguntas que le hacían los médicos sobre dónde estaba el niño que acababa de tener.
Al mínimo descuido del personal sanitario, la muchacha se escapó del hospital.

La policía la localizó en su casa, donde también se encontraba su hijo, que había muerto desangrado tras el parto, por un problema en el cordón umbilical.
Nunca supimos por qué se inventó que había tirado al niño a la calle, dando incluso la matrícula del primer camión de basura que se encontró. Creemos que tuvo miedo de que descubriesen al bebé muerto en su casa, y se inventó aquella historia para intentar despistar a la policía. No lo sé, la verdad...
Fuera como fuere, aquél suceso me marcó durante mucho tiempo.

En diez años trabajando en la calle por la noche, unos gamberros me han disparado perdigones desde un balcón, me he peleado a ostia limpia con un taxista, he trabajado con una pobre esquizofrénica en tratamiento, cuya obsesión era que la íbamos a abandonar en el lavabo de cualquier bar... he tenido como compañero a un nigeriano que cada día intentaba convencerme de que las mujeres somos menos inteligentes que el hombre porque lo dice la biblia, he discutido con el jefe, he rechazado sobornos, me han ofrecido dinero a cambio de sexo... y mil anécdotas más.
Pero eso, ya es otra historia.

domingo, 30 de mayo de 2010

Ser padre

Otra noche sin dormir.
A estas horas sólo dan programas Call Show y series repetidas en canales autonómicos. Creo que es "vent del Pla" la serie que estoy viendo, en la que un señor aparece en la vida de su hija (20 años después de haberlas abandonado a su mujer y a ella), con la intención de conocerla.

Curiosamente, todas las series que veo últimamente incluyen tramas parecidas.
En "La pecera de Eva", ella es una chica de treinta y pocos, que entra a trabajar como psicóloga en un colegio. Con el tiempo, se entera de que un paciente suyo es su propio hijo, al cual dio en adopción hace 16 años.

En Física o Química (sí, sé que es una serie muy mala para adolescentes, pero me gusta), una nueva profesora entra a trabajar en el Zurbarán. Allí descubrirá que una alumna suya, es en realidad su hija, a la cual abandonó hace 15 años dejándola al cuidado de su marido. Sus motivos: al nacer se dio cuenta de que ser madre le venía grande, y al cumplir la niña 18 meses, se marchó de casa sin dar explicaciones. Durante los años siguientes, la chica vive una vida despreocupada, sin ataduras, promiscuidad, viajes...
Ahora su intención es recuperar el cariño de su hija, en contra de su marido que no está dispuesto a permitirlo.

En todas estas series, se intenta mostrar el lado más humano y sensible del que abandona. Se intenta demostrar que todos tenemos derecho a equivocarnos y a que la vida nos brinde una segunda oportunidad. Y es verdad que por mi forma de ser, siempre intento comprender los motivos que puedan llevar a alguien a hacer según qué cosas. No suelo sentenciar y procuro entender.

Pero... me pregunto hasta qué punto tiene derecho una persona a aparecer en la vida de su hijo 12, 15 o 20 años después, exigiendo todos los derechos, cuando jamás en todos esos años asumió ninguna responsabilidad.
Por supuesto no me refiero a los casos donde los padres dan en adopción a sus hijos, con todo el dolor de su corazón, por no poder mantenerlos.
Me refiero a esos padres que abandonan a sus hijos porque, simplemente, no los quieren. Y se pasan 12 años sin visitar a su hijo, sin comprarle unos tristes zapatos, sin llamarle por teléfono...
Hasta que un día cuando comienzan a hacerse mayores, empiezan a arrepentirse de sus errores, y deciden recuperar su cariño entrando en su vida como un elefante en una cacharrería.

Cuando me separé de Dani, él decidió cortar también con el niño. La verdad es que nunca le quiso; sólo creyó equivocadamente que una criatura me retendría a su lado para siempre.
Yo le llamaba cada día, pidiéndole que por favor viniese a ver a su hijo, pero nunca le apetecía.
En un año, tan sólo apareció dos veces, pero esas dos veces, lo único que quería era convencerme de que volviera con él. Y como no lo consiguió, acabó desapareciendo del todo, no sin antes amenazarme con que algo muy malo me pasaría si intentaba llevar "este asunto por la vía legal".

Nunca le compró una caja de leche, ni un regalo. Nunca le llamó en su cumpleaños, y probablemente ni se acuerda de qué día nació. No sabe lo que es reñirle porque se ha portado mal en el cole, o pasar una noche en vela intentando que le baje la fiebre.
Preocuparse porque se ha torcido la muñeca jugando en el parque, ayudarle a hacer los deberes o preguntarle qué tal le ha ido el día.
Todas estas cosas quien las ha vivido es mi marido. Porque ser padre es un derecho que se gana, y el amor no entiende de ADN.

La última vez que vi a Dani, hacía cuatro años que lo habíamos dejado.
Mi compañero de trabajo y yo, entramos a cenar en un bar y yo me dirigí directamente al lavabo. Cuando abrí la puerta, oí a mis espaldas cómo un chico se burlaba de mi uniforme. Recuerdo que me giré, y no sé quién de los dos se sorprendió más. Si yo al verle después de tantos años, o Dani al descubrir que aquella basurera con la que se había metido su amigo era yo.
Sé que les dije que mi uniforme lo llevaba a mucha honra, para sacar adelante a mi hijo. Pero que ellos no entendían de trabajo, puesto que los parásitos sólo saben vivir de los demás. Le miré fíjamente a los ojos, mientras le preguntaba: "ya saben tus amigos que dejaste embarazada a una niña y abandonaste a tu propio hijo?"...
El graciosillo que estaba sentado al lado de Dani, pasó de la risa tonta, a quedarse con cara de bobo. Seguramente, no tenía ni idea de aquello.
Mi compañero tampoco entendía nada.

Cuando Dani pudo reaccionar, y recuperó su actitud chulesca, lo único que me dijo fue: "qué quieres, dinero?".
Sé que en la vida no he sentido más asco por alguien, que por esta persona tras pronunciar aquellas palabras. Esa noche ni si quiera cené. Salí del bar y esperé sentada en un bordillo a que el camión me recogiese. Llorando y sin llegar a comprender, cómo alguna vez pude estar enamorada de un ser tan despreciable.

No lo he vuelto a ver desde entonces, y sólo deseo que siga sin aparecer. Pero el miedo, siempre lo tendré encima.
Los niños no son juguetes, que puedes comprarlos, jugar con ellos un ratito y luego dejarlos olvidados en un cajón. No se puede romper la estabilidad emocional de un niño, su paz y su familia, porque de repente te has arrepentido y quieres ejercer de padre cuando a ti te apetece y no cuando él te necesitaba.
Si estos padres de verdad se arrepienten y es cierto que quieren lo mejor para sus hijos, yo les ruego que, por una vez, dejen su egoísmo de lado. Que dejen de pensar en lo que a ellos les apetece, en lo que ellos quieren... y que empiecen a pensar en lo que es mejor para el niño.

Mi hijo es muy feliz. Tiene unos padres que le quieren con locura, un hermanito que le adora y admira, y un montón de amigos.
Hoy en día es un niño afortunado porque no se crió al lado de un ser como tú. Al menos, respeta eso.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Los ojos con los que me miras

Hoy ha tocado visita con el psiquiatra. Ha sido uno de mis peores días, porque nunca antes me había desmoronado por completo en plena consulta.
Me vine abajo nada más entrar, y no era capaz de pronunciar ni una palabra.

Sólo le entregué al doctor la lista que me mandó escribir hace unas semanas, con todas las cosas que me preocupan y cómo me veo a mí misma.
Al acabar de leerla, me preguntó si eso es lo que yo pensaba de mí misma realmente. Le contesté que sí, y me dijo que lo que yo veo ahora sobre mi vida y sobre mi persona, no es la realidad. Porque al tener depresión, todo lo veo negativo.

Me dijo que seguramente, si mi marido, mis hijos o mis amigos escribiesen otra lista, descubriría una Nati muy distinta a la que yo pienso que soy.
Así que me ha mandado deberes para casa, o más bien deberes para mi marido. Se trata de describirme, con mis cosas buenas y malas. Y luego comparar las cartas y ver las diferencias y similitudes entre ellas, para comprender cómo soy en realidad, y cómo me veo yo.

La verdad es que me he llevado una agradable sorpresa, porque mi marido, aunque sé que me quiere mucho, nunca me había dicho por qué. Me he visto reflejada a través de sus ojos, y me ha gustado. Me ha dado sobre todo, la fuerza que necesitaba para empezar a salir de esto.

Así es como yo me veo ahora:
Soy inestable, cobarde y llena de miedos.

Siento que me he equivocado en un montón de cosas en la vida, y ahora ya no hay remedio.

Mi marido, sin duda, es mejor padre que yo.

Cuando estoy triste, alejo a mis amigos en lugar de contarles mis problemas.

Sólo puedo tener trabajos donde nos tratan como burros de carga, porque no sirvo para otra cosa. Siento que no voy a saber hacer nada más.

No ejerzo como profesora de danza porque me siento inferior e insegura. Por eso nunca realizaré mi sueño.
Nati.


Y así es como soy:


Eres una persona que destaca por dos cosas:

por tu simpatía y por tu temperamento, como la noche y el día.

Eres dulce, sensible (demasiado), no te gusta ver sufrir a nadie. Su sufrimiento es el tuyo, sus preocupaciones las tuyas... y eso te hace, a veces, débil. Débil en el sentido de vulnerable, sensible...

Te preocupas por la gente, aunque no se lo demuestres día a día.

Siempre tienes una forma de ver las cosas que a menudo choca con el resto del mundo y que casi siempre suele ser cierta.

Eres paciente, pero eres como una traca valenciana. Tienes mucha mecha, pero cuando explotas, va una detrás de otra.

Eres rencorosa y cuando te enfadas con alguien, sólo ves las cosas que hace mal, y no las cosas que hace bien, aunque sean cosas que tú también hayas hecho.

En fin, si tuviese que poner las virtudes y defectos en una balanza, sin duda ganan las virtudes, sólo que ahora estas virtudes deberías sacarlas a relucir porque son lo que te hacen especial y única.

No es un tópico, es cierto, cuando estás feliz parece que tu cara brilla y todo alrededor parece más bonito.
PD: además eres muy trabajadora e inteligente, resumiendo...

Prometo aprender a quererme más a partir de ahora, y no acceder al recurso fácil de sentir lástima por mí misma.

viernes, 21 de mayo de 2010

Incesto

Durante muchos años, hubieron dos cosas de las que nunca pude hablar, hasta ahora.
Una de ellas fue su nombre. Dani. No podía ni pronunciarlo, ni mucho menos referirme a él como "el padre de mi hijo".
La segunda cosa que nunca pude contar ni a mis amigos más íntimos, fue la relación que Dani mantenía con su hermana menor. Durante mucho tiempo me sentí sucia y culpable de haber mantenido relaciones con un depravado.

El padre de Dani, era alcohólico y un viva la vida. Maltrataba brutalmente a su mujer y a su hijo (puñetazos, objetos punzantes y charcos de sangre por toda la casa). Le excitaban las prácticas sexuales violentas y humillantes para la mujer.
A la única que nunca puso un dedo encima, fue a su hija Isabel. Saltaba a la vista que ella era la preferida de su madre y no permitía que su marido se ensañara con la niña.

Dani debía tener unos 15 o tal vez menos cuando sus padres se separaron y la custodia la asumieron los abuelos paternos.
El padre, con el tiempo conoció a otra mujer y se fue a vivir con ella. La madre comenzó a prostituirse en un club, y allí conoció a un camionero con el que inició una relación seria.
Y Dani, que ya tenía 16 años, se echó una novia mayor de edad.

Él siempre me hablaba de Lucía, su gran amor (de hecho, me hablaba tanto de ella que yo me sentía como un segundo plato). Según él, Lucía le traicionó, le engañó con otro, le sacó "todo el dinero", se quedó con su casa...
Pero mentía, como siempre. La verdad es que Lucía le quiso con locura y le mantuvo durante los dos años que estuvieron juntos. Ella le pagaba los vicios, los caprichos, el alquiler, hacía las tareas de la casa... lo hacía todo. Y él la humillaba y la pegaba. Así que como es lógico, la chica acabó huyendo de él, tal como hice yo tres años más tarde.
Al quedarse sin una mujer que le mantuviera, Dani se vio obligado a volver a casa de sus abuelos.
Su hermana en cambio, pasó toda su infancia y adolescencia dando tumbos, de casa de un familiar a otro, pues siempre acababa peleada con todos ellos.

Un día, más o menos al año de salir con Dani, unos delincuentes del barrio con los que él realizaba "trabajos", le acusaron de chivato de la policía y le amenazaron de muerte. Tenía que huir, así que su tía Lourdes le pagó el alquiler de un piso fuera del barrio, más sus correspondientes facturas durante años.
Lourdes siempre intentó compensar a Dani por los maltratos sufridos por parte de su hermano, sacándole de todos los líos en los que se metía, y manteniéndole. Cosa de la que Dani se aprovechó toda su vida.

Al poco tiempo de vivir en ese piso, Dani me comunicó que su hermana Isabel se había peleado con su madre, y se había ido de casa. Que había pensado traerla a vivir con él. Recuerdo cuánto me costó disimular mi angustia.
Isabel me odiaba. Me tenía unos celos enfermizos, igual que se los tuvo a Lucía en su momento. Yo siempre intentaba ser amable con ella, pero por su parte sólo recibía malas caras, indirectas y desdenes.

Estaba claro que Isabel lo que quería era toda la atención de su hermano, y lo conseguía. A veces sentía que era yo la que sobraba. Sentados los tres en el sofá viendo la tele, se decían cosas al oído mientras me miraban de reojo y se reían.
A veces Dani la mandaba a dormir para quedarse a solas conmigo (ella tan sólo era un año menor que yo, pero él siempre la consideró una niña... aunque yo también lo era). Isabel no podía soportar que Dani y yo estuviésemos en el sofá del comedor en actitud cariñosa, y su entretenimiento preferido era interrumpirnos constantemente con cualquier excusa. Sólo tenía que llamar a su hermano, y éste corría a su habitación a satisfacer sus caprichos.

Al principio, aunque me incomodaban estas situaciones, era incapaz de ver algo sucio en ellas. Pensé que se trataba simplemente de celos de hermana, pero cada vez habían más evidencias de que ahí había algo más que tan sólo ellos dos entendían.
No puedo describir con exactitud, qué fue lo primero que me hizo sospechar que la forma en que Dani quería a Isabel, no era la de cualquier hermano. Esas cosas se sienten; se intuyen.
Recuerdo un día en la playa. Dani podía pasarse horas mirándola mientras jugaba con las olas. Le encantaban esas carcajadas espontáneas y locas que Isabel soltaba siempre sin venir a cuento. La miraba como sólo sabe mirar una persona enamorada.

Una vez hubo un beso... Se besaron en la cara, casi en la comisura de los labios, y mientras se acercaban, fue como si un imán invisible atrajera sus labios. La expresión de Dani fue indescriptible. Cerró incluso los ojos cuando ella le rozó los labios durante un segundo.

Con el tiempo, él me dio unas llaves de su casa. Yo cada día esperaba a que mi madre se fuese a trabajar a las 6 de la mañana, y en seguida me vestía y me iba a casa de Dani.
A menudo los encontraba durmiendo juntos en ropa interior. Otras veces que ella dormía en su propio cuarto, en cuanto oía que yo llegaba y me dirigía a la habitación de su hermano, se presentaba allí y se sentaba en medio de los dos toda la mañana.

Muchas veces intentaba normalizar aquellas situaciones, y me sentía mal por tener pensamientos retorcidos sobre ellos dos.
Pero llegó el momento en que a Dani le mandaron al servicio militar. Y sorprendentemente, Isabel comenzó a tener un acercamiento conmigo. Un día, fuimos a tomar algo y me confesó que su hermano abusaba de ella cuando era pequeña. Omitiré los detalles, pero básicamente me dijo que no la obligaba a la fuerza, sino que era una especie de juego entre los dos en el que nunca la llegó a penetrar. Que ella no sabía que eso estaba mal porque era pequeña. Pero que su hermano, 4 años mayor, sabía muy bien lo que hacía. No recuerdo si me dijo que él tenía unos 13 o 14 años cuando sucedió.

No la creí, o no quise creerla, no sé. Pensé que Isabel sólo quería separarnos por sus celos enfermizos, y que sería capaz de inventarse cualquier cosa para conseguirlo. De hecho lo había estado intentado desde el principio.
Isabel me hizo prometer que no le contaría nada a su hermano. Quería que yo le dejase pero sin involucrarla a ella en el motivo. Sin embargo no le dejé, y me odio por ello. Aún no entiendo cómo ante tantas evidencias, no fui capaz de ver lo que sucedía entre ellos.

Tiempo después cuando al fin dejé a Dani, su propia madre me confirmó que aquella historia que me contó Isabel era cierta, aunque no como ella me lo había explicado. La mujer admitió que lo que hubo siempre entre sus hijos fue una relación incestuosa que aumentó en la adolescencia. Por eso ella nunca quiso que sus hijos viviesen juntos. Pero de nada servía porque Isabel siempre se escapaba para estar con su hermano.

De hecho, antes de separarse, la madre pilló a su hijo a punto de penetrar a Isabel, y amenazó a Dani con contárselo a su padre que en ese momento no estaba en casa. Dani, temiendo la paliza que recibiría de su padre, ese mismo día metió en su mochila algo de comida, robó 2.000pts a su madre y se escapó de casa. Lo que pasó cuando regresó, es algo que nunca quise saber.

Aquél día en que me enteré de la verdad, vomité varias veces y me juré a mí misma que jamás volvería con él.